lunes, 15 de diciembre de 2014

Nivel cero

En este momento convulso de crisis y mercados oscilantes y la dichosa prima de riesgo dando por saco en todas las noticias, me pareció un buen momento para reciclar y aumentar conocimientos y me matriculé en un Grado Superior de Formación Profesional. Ahora se llama así a la Formación Profesional.

El resultado es de pura desolación personal por el nivel educativo de este país en este momento. Si ya estaba bastante mosqueada por mi somero conocimiento del método y sistema educativo actual por ser madre de un niño en primaria -donde los estudios parecen lo mismo que el argumento de "El día de la marmota", repetición y repetición constante en cada curso los mismos conceptos hasta el aburrimiento y más allá: incentivo al estudio, cero patatero-, ahora que lo experimento personalmente como alumna, me encuentro realmente perpleja.

Cuando repasaba los deberes con mi hijo, pensaba siempre lo mismo: si a mí a su edad me hubiesen tenido toda primaria repitiendo machaconamente los mismos conceptos año tras año, habría hecho pellas constantemente. ¡Esto aburre hasta a las moscas! Estoy hasta el culo del ciclo del agua, en 1º, en 2º, en 3º , en 4º, en 5º, ¿¿también en 6º?? ¡Joder con el ciclo del agua!

Evidentemente, hay más cosas que el ciclo del agua. Esta asignatura de nombre ambiguo que es Conocimiento del Medio abarca tanto el funcionamiento del sistema digestivo, que también se repite año tras año, como la formación y composición de los municipios o las clases de rocas... Es decir, una mezcolanza infame que los niños despachan en dos minutos y no se enteran de nada. En mates vamos avanzando, en lengua también, pero todo bien masticado y machacado, no vaya a ser que a nuestros niños les de una embolia cerebral por memorizar dos líneas.

Resumiendo: vergonzoso. Pero es lo que hay, no solo en el colegio de mi hijo; en todos los colegios el temario es aburrido, machacón y destinado a que los torpes no se atraganten y a que los que podrían estudiar no gasten las neuronas ni lo más mínimo. Pero ya se sabe que lo que no se usa, se estropea. Nada de esto se lo digo a mi hijo: yo muestro entusiasmo por sus logros, que son buenos, y le animo a más, pero en el fondo me digo que ¡vaya aburrimiento!. Sí, los libros son muy monos, muchos dibujitos y colorines, pero na, una ruina, no avanzamos.

Después de una carrera universitaria presencial y otra a distancia, puedo decir y digo que no me asusta estudiar, pero sí me aterra perder el tiempo; y debo decir y digo que los que no acabamos de salir del blando nido de la ESO y el Bachillerato estamos ciertamente desolados. Los profesores tendrán sus motivos y tendrán que cumplir los objetivos que se les imponen, pero desconozco por qué hay cierta tendencia general a considerar que los alumnos son/somos deficientes mentales y el temario, además de reducido, es resumido y resumido hasta el mínimo de los mínimos, y aun así, casi están pidiendo excusas por no hacerlo aún más fácil. Si uno de los pocos placeres como profesor tiene que ser el "poner en apuros" a sus alumnos, parece que eso debe de ser ahora una de las miles de cosas políticamente incorrectas de hoy en día...

Pues aun así, los resultados de los exámenes, en general, son penosos. Porque también ahora los alumnos son/somos muy distintos a los de hace unos años. El que tiene interés, se acaba por desinteresar, y el que no tiene mucho interés, no lo acaba de pillar. Y es normal, cuando desde las altas instancias de las mentes preclaras que han ideado cómo se debe estudiar en este bendito país, nos toman a todos por tontos y te tratan como si fueses tonto, te vuelves tonto y tienes notas de tonto. Y no es agradable para nadie sentirse tonto.

Si alguien se pregunta por qué este país está como está, yo tengo la explicación: la enseñanza es un asco.

¿Quién ha decidido que el sistema educativo de este país sea así? Hemos pasado del clasismo (solo estudiaban unos pocos que disponían de medios y tiempo para ello) al aquí estudia to quisqui y aprobamos todos, sea como sea. Lo de estudiar chino en las escuelas, por ejemplo. Si el nivel de inglés, a nivel general, es de pena, como para ponerse ahora con el chino. ¡Si la mitad de la población no sabe escribir correctamente español y es el idioma propio (con permiso de los idiomas autonómicos, que esa es también otra historia)! Bufff...

Mucho me temo que a quien ha diseñado esta metodología para la enseñanza española le importa un rábano que los estudiantes, ya sean de 3 o de 30 años, obtengan con sus estudios una capacitación ya no solo intelectual, sino profesional. Aquí lo único que interesa es que los profesores se lo curren de tal forma que, sea como sea, haya el mayor número de aprobados: solo interesa asegurar el ratio de aprobados y no salir en las listas de peores países por estudiantes cateados del mundo. Lo cual es bastante frustrante, imagino que para los profesores, por estar encorsetados en esa única directriz, y para los alumnos, que como todo es tan masticado, llega un momento en que el interés flaquea.

Amigos de mi hijo comentan entre ellos las asignaturas que más y menos les gustan, y curiosamente las más fáciles no les gustan, básicamente porque se aburren en esas clases... Pues va a ser eso. Es vergonzoso y vergonzante, este sistema no puede ser bueno para nadie. Las cosas no van bien, pero con este sistema educativo irán a peor, no tengo la menor duda.

Estamos todos enteradísimos de lo último en cacharros electrónicos, no podemos vivir sin móvil, ni ipod, ni ipad ni sin todas esas porquerías, y la realidad es que la mayoría no sabe ni dónde vive ni lo que hay más allá de su calle o barrio. Mucho internet, mucho viaje low cost, pero como vamos chateando con el móvil o escuchando música en el ipod, no nos enteramos de nada. Nunca la humanidad ha tenido más recursos, y nunca la humanidad ha estado más atontada y atontilada; ese es el problema, que los jóvenes que ahora estudian o empiezan a estudiar en realidad no aprenden nada.

Y en realidad, a nadie le importa. Cuanto más tonta es la gente, más ganarán los cuatros listos que se aprovechen de esa ignorancia ajena.

¡Qué lástima!

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